sábado, abril 08, 2006

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Poco tenía en realidad para contar. No había conseguido, literalmente, nada concreto.
A pesar de que mis primeras conversaciones con Marisa habían caído como una bomba, cuando le conté lo poco que había averiguado, pareció decepcionada. Pero nada dijo, como es su inveterada costumbre.
La idea de la transferencia a Israel, a un país desconocido por lo menos en lo que respecta a la vida cotidiana me desvelaba, pero sentía que no debía abandonar la idea, y cuando tenía que defender el proyecto, lo hacía a ultranza como si sólo mis fervientes deseos de que se curara fuesen suficientes para que todo saliera bien.
Seguramente, un segundo viaje aclararía más las cosas. No descartaba Israel, de ninguna manera, pero empezaba a pensar hacia donde podría apuntar la brújula en el caso de que fracasara.
Buenos Aires en mi opinión (y creo que no me equivoqué), se transformaría en "the recipe for a disaster".
Alrededor der un mes más tarde, el llamado de Noah me sorprendió en una noche en que estaba sola en casa.
Suscintamente aquí, y en la ocasión por teléfono, me dijo que una pareja que vivía en Shefayim deseaba alquilar su casa por un año, dado que por ese lapso se trasldarían a una ciudad de Francia con la autorización del kibbutz.
Él nada sabía de lo que pretendían en concepto de alquiler, ni como era la casa. Sólo había recibido la información por teléfono.
Tampoco deseaba iniciar ninguna conversación en mi nombre, por lo que si, en principio, estábamos de acuerdo, debería viajar nuevamente a Israel para hablar personalmente. La pareja en cuestión, tenía cierto apuro ya que había un par más de interesados.
Cuando hablé con Marisa, pareció como si Israel nunca hubiese sido tema de debate. Otra vez pareció ponerse mal.
Dos semanas después, una mañana lluviosa estaba nuevamente en Ben Gurion.