lunes, febrero 27, 2006

Como si fuera ayer


".... A medida que envejezco doy más importancia a las continuidades y trato de descubrirlas bajo las apariencias de lo que cambia y muda".......
(Soy Roca/Félix Luna)

Yo soy la menor de cinco hermanos. Eso me trajo aparejado un montón de ventajas.
Tenía muchos amigos, algunos, vecinos de la cuadra, otros, del colegio, otros, parientes, así que la pasaba bastante bien. Pero además estaban los amigos de mis hermanos, y yo me las ingeniaba (no siempre con éxito) para colarme. Mi casa estaba siempre llena de los amigos de mis hermanos.
Mi hermana mayor es la que me prestaba menos atenciòn, quizás porque era ya una señorita, cuando yo era todavía una nena. Recuerdo que lo que más le envidiaba eran los zapatos de taco alto, los que aprovechaba para ponerme ni bien ella se iba de la casa, con las consecuencias que son de prever. No obstante, mi hermana, que en la actualidad vive en Barcelona, me arrastraba hacia una habitación, el comedor diario (que estaba atrás del jardín), toda vez que desde el Colón se transmitía alguna ópera que a ella le gustara, sobre todo si cantaba su cantante preferida de entonces que era Delia Rigal. Grande como era, tenía miedo de quedarse sola hasta las 12 de la noche, hora en que aproximadamente terminaba la transmisión. Yo solía quedarme dormida sobre la mesa y no entiendo por qué no me rebelaba y aceptaba esta imposición.
En el patio y jardín se armaban muchos bailes, mi hermano era el promotor y el que coleccionaba los discos del momento, aquella música maravillosa de los 50, de las "big bands". Cuando no me colaba entre los bailarines me iba a una habitación de la planta alta, que daba precisamente al patio, y desde ese "observatorio privilegiado" miraba con atención lo que sucedía abajo. Quiénes bailaban "separados", quiénes un poco mas cerca, y quiénes lo hacían "cheek to cheek", quiénes "chapaban", preguntándome cuándo yo podría estar en ese lugar.
Mis hermanas mujeres se casaron todas muy jóvenes, como lo exigía la "presión cultural", de modo que en casa quedamos mi hermano y yo.
Esa época de mi vida, hasta la adolescencia, fue verdaderamente fabulosa.