Nosotros, antes...

...constituíamos una familia de clase media, como tantas, nos preocupábamos porque nuestros hijos tuvieran todo aquéllo, que nosotros queríamos y sentíamos que debían tener.
Marisa, se impuso rápidamente en la familia. Era de las que se hacían notar. Aún hoy, y en su peculiar estilo, a través de su gran ausencia, y de todos sus conflictos, también se hace notar.
Lloraba, pedía, reclamaba, y siempre o casi siempre, conseguía lo que quería. Fer, era más tímido, menos transgresor, o nada transgresor.
La búsqueda de colegios, fue todo un tema. Recorrimos varios, y por supuesto mis exigencias eran muchas. Todo era poco para ellos, o mejor dicho para mí. En el barrio de Belgrano, donde vivíamos, y donde vivimos, un colegio bilingûe (Que judio que se precie, no va a elegir colegios bilingûes para sus hijos?) colmó bastantes mis expectativas. Me gustó el edificio moderno y nuevo, sus aulas soleadas, las rampas en lugar de escaleras, su jardin. Quedó decidido. Ése, sería el colegio para Fer, y dos años mas tarde para Marisa.
Teníamos una casa magnifíca,, que creo, fue más pensada para ellos que para nosotros, aún cuando nosotros también la disfrutamos muchísimo. En esa casa iban a estudiar, iban a escuchar mùsica, iban a recibir a sus amigos, iban a hacer sus fiestas, tal vez Marisa se casaría.....
Marisa tenía dos cuartos. Uno era su precioso dormitorio, y además tenía otro, al que llamábamos "el taller", un cuarto muy luminoso, con un escritorio blanco, largo, colocado de manera de recibir siempre luz natural. Una de sus paredes, era de pizarrón, en el que aparecían alternativamente, lecciones de historia, geografía, teoremas, redacciones. Sobre una pared de corcho, numerosos papelitos, con los compromisos sociales de la semana, nùmeros de telèfonos, etc.
Marisa, era la más sociable de los dos. Siempre venían a casa sus compañeras, a estudiar, a comer, o a quedarse a dormir. Fernando era más introvertido. Pero ambos eran excelentes estudiantes y sobretodo se perfilaban como buenas personas, y esto generaba en mi, además de un gran orgullo, grandes expectativas de lo que lograrían en sus vidas.
Yo me sentía, a veces sola, de hecho, no estaba sola, pero así me sentía. Había muchas cosas buenas en mi vida y creo (ahora que lo pienso), no me importaba mucho, por entonces, vivir sin esa íntima y exultante felicidad, que a mi me parecía existir solo en el cine o en la literatura romántica.
La vida, transcurría sin grandes sobresaltos. Despúes todo se desquició.

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