La mirada del psiquiatra

La mirada del psiquiatra, nos indaga, nos interroga. El hecho de tener un hijo enfermo, los coloca en una situación de poder, frente a nosotros. Su mirada no es nunca desprejuiciada, como si quisieran preguntarnos con los ojos, que es lo que hicimos mal, para que nuestra hija enferme.
Como está compuesta la familia? con quien vive cada quien?. A qué se dedica cada uno?
Lo que suele ser usual, con cualquier otro médico, en el psiquiatra cobra una connotación muy especial, en donde ninguna pregunta, es inocente.
La mirada del psiquiatra nos despoja, nos coloca en situaciones de gran vulnerabilidad, hasta el punto de sentir, que en efecto, entre ellos y nosotros ya queda establecida “desde el vamos” la disparidad.
No podemos disentir con ellos, como podríamos hacerlo con otro médico, porque se nos sindicaría como "cerrados e impermeables" a sus siempre pertinentes y sanas sugerencias, lo que configuraría un cuadro de familia, “donde la enfermedad mental” puede germinar.
Entonces nos cuidamos de sus prejuicios, y a nuestra vez, no somos naturales, asentimos, tratamos de hacernos "los simpáticos" aceptamos, las más de las veces, sus indicaciones , que dejan caer sobre el escritorio como verdades ineluctables y que por lo general o invariablemente tienen que ver con nuestra "psicoeducación" y con gastos extraordinarios relacionados con múltiples terapias familiares e individuales de cada miembro de la familia, en las que sin duda nos veremos embarcados, con resultados bastante aleatorios, y no nos atrevemos a decirles:
“Estoy tan harta de la enfermedad de mi hija, como de sus comportamientos elitistas, de su omnipotencia, y de sus preconceptos, y de las recetas de los libros.
El acercamiento es difícil, por más que alguno que otro se lo proponga. Ellos dicen trabajar con el dolor, pero en el fondo no es así. No saben realmente lo que es el dolor, y se alejan de él lo más rápidamente posible.En nombre de la “distancia adecuada”, que les permita “trabajar bien” en realidad, se colocan a años luz de nuestro dolor, de nuestras verdaderas necesidades, y a veces y lo que es más doloroso, de las necesidades del enfermo.
Podemos tomar la decisión de “abandonarlos”, pero en realidad no es así, cuando tomamos esa decisión, descubrimos que lo hacemos, en realidad, porque ellos ya nos han abandonado antes.
Aún así, puede resultar muy cara, semejante audacia...
"Es difícil ser emperador ante un médico, y tambièn es difícil guardar la calidad de hombre"(Marguerite Yourcenar/Memorias de Adriano)

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