Una internación esperanzada

Externada del H.I. y después de muchas discusiones con Marisa, aceptó en principio asistir al Hospital de Día de la Clínica D. Al poco tiempo, cuando se familiarizó con la clínica, los médicos, los laborterapistas y la población de pacientes, acepto la internación.
Permaneció en la clínica un año con régimen de internación y otro año, y hasta que la clínica se disolvió, con régimen de hostal, es decir que podía salir durante el día y realizar otras actividades extra-clínica.
El Dr. Bucahí, a pesar de haberle yo comunicado su alejamiento del caso, pidió en la clínica no ser alejado del mismo, y obviamente Marisa hizo lo propio. No nos quedó otra alternativa que aceptar, dado que la relación de Marisa con nosotros era tirante y nos agredía toda vez que podía, además de ser absolutamente imposible disuadirla.
Pensamos, que habiendo otros profesionales, y además, comenzaría a ser medicada, se neutralizaría la influencia que, a través de los años, había conseguido, el Dr. C.B. tener con Marisa.
Tuvimos que soportar en consecuencia, que durante los dos años que permaneció en la clínica, el
Dr. C.B. siguiera siendo su terapeuta.
Los largos y difíciles años sin medicación, de alguna manera dejaron su impronta en la enfermedad y cuando Marisa egresó de la clìnica, sólo estaba medianamente estabilizada.

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