jueves, febrero 16, 2006

Cumpleaños



Han pasado muchos años desde entonces, pero el recuerdo es tan nìtido que en realidad podría haber ocurrido ayer.

Marisa cumplía 14 años y Mirna, mi entrañable amiga, con su habitual hospitalidad y generosidad, nos había ofrecido su casa de fin de semana para festejarlos, y ahí, fue precisamente el festejo.

Era el 14 de noviembre de 1982. Transportamos hasta la quinta, 8 o 9 chicos. Era un día perfecto, y así lo atesora mi memoria. Forma parte del bagaje de recuerdos que quisiera me acompañen hasta el fin de mis días.
Recuerdo que Mirna le regalo a Marisa una malla, que tenía una combinación de muchos colores. No sé si en realidad le había gustado, pero en ese momento pareció que sí, porque inmediatamente se la puso y fue a reunirse con sus amigos a la pileta.

Se habían tendido dos grandes mesas. Una para "los grandes" y otra para" los más jóvenes".
Durante la siesta, todo el grupo liderado por Fernando, había desaparecido, ocupado en la preparación de una representaciòn teatral "sorpresa", que ofrecieron a la tarde, y en la que Fernando, hacía, -si cuando lo recuerdo no lo puedo creer- de psiquiatra¡¡¡¡¡¡¡. Se había conseguido unos anteojos con un marco grueso y oscuro que le quedaban de maravillas, resultando su rol muy convincente. En realidad, pacientes no había. Era un psiquiatra sui-generis, sin pacien tes.

Nada quedó de aquel dìa, sólo mi recuerdo. Esa Marisa no existe, ahí, por agosto de 1986, algo o alguien se la llevó y me dejó otra, un ser desconocido, en principio, ahora quizás más conocido, pero extraño, para quien la vida es una pendiente muy empinada.
Mi querida amiga Mirna, que tanta falta me hiciera en estos años de dolor, tampoco está....
Y Fernando, el fallido psiquiatra, vive a 10.000 kilómetros. Se hubiera ido en otras circunstancias? Pregunta que como tantas otras no tiene respuesta.