jueves, febrero 16, 2006

Tiempo de tempestades


Navegábamos en aguas tranquilas. De tanto en tanto, alguna ola encrespada hacía mover la nave, pero al tiempo regresaba la calma.
No sabíamos aún, que conoceríamos las tempestades.
El verano del 86, fue la última temporada que Marisa estuvo bien. Estábamos en una playa, y no mostraba ningún signo de malestar. Por el contrario. Estaba con tres o cuatro compañeras del Nacional, y con ellas salía todos los días y a toda hora.
Cuando comenzó el período escolar, se avizoraron los primeros problemas, discutía bastante conmigo, quería faltar al colegio, cosa bastante inusual en ella, y comía en exceso, por lo que estaba engordando. Tambièn pareció coincidir con la interrupción de un romance con un compañero. Ella sugirió hacer una terapia. A nosotros nos pareció bien. Consiguió entrevistarse con una psicóloga a la que conectó a través de una compañera, y a quien yo entrevistè también. Me pareció seria y con experiencia en manejar estas situaciones de "adolescentes en rebeldía".
El 16 de agosto de 1986, volvía tarde a casa, después de una clase, cuando Fernando me interceptó en el pasillo para anunciarme que Marisa en su cuarto, no estaba bien, que decía cosas inconexas. Tito dormìa y nada sabía de lo que estaba ocurriendo.
Entré a su cuarto y la escuché, Marisa había hecho un corte abrupto del discurso, me preguntaba cosas que yo no entendía y decía cosas sin sentido.
No había en ella, signos de agresividad, (por lo menos en ese momento, ya que después, si, los hubo) por el contrario me hablaba con un tono muy conciliador y atento, que no había sido habitual en ella durante los pasados últimos meses. Era muy tarde. Fernando y yo nos quedamos en vela esperando la mañana.
Llamamos a la terapeuta y de inmediato se acercó, pero evidentemente la situación la superaba. No podía manejar la situación. Tampoco nunca pude saber que habría pasado en la útima sesión terapéutica. Esta Licenciada, nos conectó con el Dr. Carlos Bucahí, más para mal, que para bien, el hombre que por muchos años decidiera sobre la suerte de Marisa, y en consecuencia la nuestra.