domingo, mayo 14, 2006

Esperando a Godot


El teléfono había sonado brevemente, cuando escuché la voz de Marisa del otro lado. En realidad su voz denotaba algo, no sé si extraño o familiar, pero algo me estaba anticipando lo que iba a decirme.

Le pregunté si tenía todo preparado para el viaje y, lisa y llanamente y sin más rodeos me dijo que no iría a Israel.

Intentar convencerla a 15.000 kilómetros? Si había tomado la decisión, era misión imposible persuadirla. No dije nada y corté la comunicación.

Llamé a Fernando y le conté lo que pasaba. No se asombró mucho. Al día siguiente estaría enTel -Aviv para ayudarme en todo el tema de la rescisión de los contratos.

Los dos lucíamos un aire triste, que tenía que ver más con la incertidumbre en la que vivíamos y a la que teníamos que volver, que con el hecho en sí de un viaje no concretado.
No se trataba de un viaje no concretado, aún cuando hubiéramos tenido muchas dudas sobre lo que ocurriera en Israel. Era entender una vez más que estábamos en lo que el Dr. Fernando Ulloa llama "una encerrona", de la que no íbamos a poder salir nunca.