Cerca del objetivo II

Agendé la dirección de algunas inmobiliarias, y empecé la recorrida.
Entré a una de ellas y me encontré, frente a frente, con un gran diario desplegado que ocultaba la cara de la persona que estaba del otro lado del escritorio. Esperé un par de minutos sin lograr que se inmutara, o dejara el diario.
Finalmente me dispuse a hablar.
El hombre dejó desganadamente el diario sobre el escritorio para escucharme.
-De qué valores estamos hablando?
-No se... Depende.
-Depende de qué?
-Depende de que me guste o no me guste y de algunas otras cosas. Tengo que verlo.
Ante su insistencia, finalmente le dije más o menos dentro de que rango pensaba moverme.
-Ud. lo va alquilar hoy?
-No creo que lo alquile hoy. Esta es la primer inmobiliaria a la que entro. Supongo que tendré que ver algunos otros departamentos.
-Si no lo va alquilar hoy, no le puedo mostrar nada. No puedo perder tiempo.
Parece que este tipo de diálogos era cosa corriente. Yo no lo sabía.
No había lugar para la amabilidad. El negocio debía ser rápido.
Visité varias inmobiliarias con distinta suerte. Más allá de la amabilidad encontrada en menor o mayor grado, los departamentos no me gustaban. Eran muy caros y además eran viejos, mal conservados y con muebles horrendos.
Los que podían estar en mejor estado eran, casualmente, muy grandes y muchísimo más caros.
Debo confesar que la idea de convivir con muebles que no eran míos, además de ser feos, era una perspectiva que no me gustaba. Pensar en alquilar un departamento vacío era aún más disparatado, así que tendría que encontrar alguna alternativa que me permitiera seguir adelante.
Los muebles son todo un tema. Los rincones que tenemos en nuestra casa, los lugares que nos vamos armando y que se convierten en un refugio y que nos ayudan a pensar...
No es lo mismo convivir con muebles Luis XV que con diseños de la Bauhaus. La idea me inquietaba. Despertarme en una de esas camas, que a lo mejor la había usado Golda Meier, pero que a mi no me gustaba...
Todo me parecía feo, oscuro, deprimente.
No tenía otra altenativa que bancarme un departamento con muebles y enseres de otro, si quería que Marisa probara suerte en Israel.

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