miércoles, mayo 10, 2006

El vuelo de El Al



Debía abordar un avión de El-Al para el primer tramo del regreso. Me propuse que durante el viaje, bastante largo por cierto, trataría de no pensar en todo lo que me esperaba en Buenos Aires. Me pondría los auriculares y miraría cualquier cosa que se exhibiera por los televisores, o escucharía música.
En el aeropuerto, había asistido a un espectáculo inusitado, una pareja había pasado las de Caín para hacer el check in. El personal de tierra y ellos, no lograban ponerse de acuerdo con el peso de las valijas y les exigían una suma aparentemente alta en concepto de exceso de equipaje, que se negaban a pagar.
El empleado, inflexible, no hacía concesiones. De modo que ellos no encontraron nada mejor que abrir las valijas en medio del aeropuerto y comenzar a tirar ropa en unos grandes cestos de residuos, mientras la gente de la cola miraba boquiabierta la escena.
Quienes no hayan viajado en esta aerolínea, en realidad no saben lo que se pierden. A lo mejor ahora las cosas son diferentes, que sé yo... Fue como viajar en familia. Todos se hablaban con todos y las azafatas además de servir la comida, se paraban al costado de las butacas para charlar con la gente. Los pasajeros a su vez, iban y venían para acercarse a otros pasajeros, para ir al baño, al office, o para caminar de una punta a otra.
Por suerte exhibieron durante el viaje una película que aún no había sido estrenada en Buenos Aires: "Cuestion de Honor" (A few good men) .
No sé si alguien se acordará de la película, supongo que sí, porque Cablevisión la debe haber repetido unas cincuenta veces en los últimos dos años, pero más o menos se trata de la muerte o mejor dicho del homicidio de un marin en la base estadounidense de Guantánamo, y aborda exhaustivamente la perversión que entraña el concepto del honor castrense, y la obediencia debida.
Los televisores del avión estaban colgados en el medio, creo que era un airbus 300 y realmente lo que hubo que hacer para no perderse la película y esquivar la gente que iba y venía por los pasillos, fue prodigioso.
La pareja del aeropuerto, unas cuantas filas detrás de mí, quería hacerse notar a toda costa, ya que inmediatamente después de algún anuncio de la tripulación por los parlantes, obviamente en hebreo y en inglés, y dada la familiaridad generada en el avión, preguntaban: Qué dijo? Qué dijo?
Concluyendo, esta parte del regreso fue, cuanto menos, entretenida.