Domingo III
Nadie lo había advertido, si acaso hizo algún gesto, de modo que no dijo nada.
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Esperó hasta el jueves para llamarla, tanto dudó antes de hacerlo. Se puso realmente contenta de que fuera a visitarlo. "Hace tanto que no pasamos un rato juntos". Antes de cortar, Vanda le recordó no llegar tarde: "Así aprovechás la pileta!"
El día señalado se levantó como de costumbre, y como de costumbre fue al café de siempre. No hacía falta llegar tan temprano. Tomó su cafe doble, comió sus medialunas con dulce de leche y después fue hasta una confitería cercana a comprar unas masas, porque suponía que debería llevar algo. No estaba muy seguro de qué, pero por lo menos sabía que a Vanda le gustaban las masas.
Con el paquete de masas y su libro de poemas de Girondo para leer en el tren, se dirigió hasta la estación Once. No era que no hubiera leido el libro. No. Lo había leído más de una vez, pero le gustaba releerlo, o aunque más no fuera hojearlo.
"No será que estaré buscando a la mina que vuele y, como soy tan boludo, suponga que la voy a encontrar?"
Eran las explicaciones que se daba a si mismo, ante sus reiteradas negativas de casamiento.
El tren no lo dejó cerca. Prefirió caminar. Cuando llegó se hizo anunciar con la gente de Seguridad y llamaron a Vanda.
Ella se acercó con el auto y le reprochó no haber llevado a Elvira, su novia actual, pero él nada contestó. En el tema " novias", prefería guardar silencio. Llegaron a la casa.
Vanda había cocinado en su honor, ya que ellos siempre almorzaban en alguno de los restaurantes del country, pero "sabiendo que te molesta tanto el ruido y la voces fuertes, sobre todo la de los chicos..."
Durante el almuerzo el cuñado habló de lo de siempre. De los problemas de la fábrica, del auto...
De que otra cosa podría hablar con él? En el fondo ya lo había perdonado. Sabía que por esfuerzos que hiciese, no podía hablar de otras cosas. Era preferible dejarlo hablar de las cosas que conocía, que escucharlo decir pavadas. Leer, no leía y en el Colón, adonde iba porque le gustaba ser visto, tenía que hacer esfuerzos para no quedarse dormido y sufrir los codazos de Vanda."No es que la música no me guste, lo que pasa, es que me levanto muy temprano."
En cuanto a ella se había aggiornado a él, y de inteligente y curiosa que había sido, terminó por convertirse en una burguesa semi-tonta que lo único que hacía durante el día y mientras sus hijos estaban en el colegio, era ir al Patio Bullrich, a la peluquería y al gimnasio, pero la sabía buena y generosa de adentro, y en eso no había cambiado.
Los chicos estaban bien, y lo saludaron con cariño, parecían estar creciendo sin problemas, y él a decir verdad no se ocupó nunca, para nada, de ellos. Ninguna invitación al cine, ni a la cancha, ni nada, nunca un regalo.
Eran felices? No podía decirlo. Trató de descifrar uno por uno los gestos, las palabras de cada uno, las miradas, qué se decían, pero nada, ningún indicio de que algo anduviera mal. No es que se estuvieran haciendo mimos, pero estaban como transitando el día, domingo, plácidamente.
Plácidamente o resignadamente?
Bueno, si era resignadamente, ellos no parecían darse cuenta. "Cuanto menos uno se dé cuenta de las cosas, mejor!"
Serían aproximadamente las 5 de la tarde. Vanda estaba sirviendo el café y ya había abierto el paquete de masas cuando...
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Seguiría con su antiguo médico, o querría buscar otro?




