sábado, mayo 27, 2006

Domingo III


...Juan sintió un pequeño dolor en el pecho.

Nadie lo había advertido, si acaso hizo algún gesto, de modo que no dijo nada.
Siguió charlando de la proximidad del Mundial, tema en el que su cuñado podía arrimar alguna idea aunque no fuera ni original ni inteligente. En ese momento, una especie de puntada en el hombro izquierdo casi le hizo volcar sobre la carpeta de Esmirna, el café recién servido.
Vanda se percata de que algo le había ocurrido a su hermano, aunque está muy lejos de suponer la gravedad de la situación y, también ella trata de disimular.
Una expresión de temor, primero y de alerta después, aparece en el rostro de Juan.
Atina a levantarse, como si con este acto pudiera ahuyentar los pensamientos negativos. Se acerca a una chimenea que remata en un bloque de mármol, donde se encuentran en posición vertical un par de volúmenes de Harry Potter y el Código Da Vinci.
"Parece que lo peor ya pasó." El color vuelve a su rostro y siente un optimismo desconocido. Se siente feliz de haberse reencontrado con su hermana. Está mirando fijamente el Código da Vinci, cuando un nuevo un dolor lo deja sin respiración.
Por una fracción de segundo, y con el sol aún alto ve la noche a través del ventanal, abierto de par en par. No puede distinguir las hojas del jardín con la diversidad de verdes que unas horas antes había admirado. Llega hasta un sillón y antes de intentar sentarse suelta , sin poder evitarlo, un quejido visceral.
Vanda se acerca presurosa. Se percata que algo anda mal. Su cuñado también se acerca solícito. Deciden llamar a un amigo, casualmente médico, que vive unas cuantas casas más allá. Cuando el amigo llega, sugiere llamar al SAME. Considera que el cuadro es bastante grave, y que no conviene descuidarse.
Lo suben a la ambulancia, en principio irá a la unidad coronaria del hospital más cercano.
Juan no opone resistencia. Se va solo en la ambulancia. Su hermana y su cuñado lo acompañan pero desde su auto.
Juan se examina. Examina su memoria, está ubicado en tiempo y espacio. Se acuerda de todo. "Eso significa que estoy bien, no?" El dolor pasó, pero la angustia no. "Qué carajo habrá sido?" Y justo un domingo. "Por algo decía yo que el domingo era un día de mierda".
Mientras recorre en la ambulancia el camino que lo separa del hospital, se da cuenta que dejó olvidado el libro de Girondo. Qué pena! le hubiera gustado tenerlo con él.
"Si salgo de ésta, me caso. Juro que me caso!"
"Claro está, siempre que encuentre la mina que sepa volar".

viernes, mayo 26, 2006

Domingo II




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Esperó hasta el jueves para llamarla, tanto dudó antes de hacerlo. Se puso realmente contenta de que fuera a visitarlo. "Hace tanto que no pasamos un rato juntos". Antes de cortar, Vanda le recordó no llegar tarde: "Así aprovechás la pileta!"

El día señalado se levantó como de costumbre, y como de costumbre fue al café de siempre. No hacía falta llegar tan temprano. Tomó su cafe doble, comió sus medialunas con dulce de leche y después fue hasta una confitería cercana a comprar unas masas, porque suponía que debería llevar algo. No estaba muy seguro de qué, pero por lo menos sabía que a Vanda le gustaban las masas.

Con el paquete de masas y su libro de poemas de Girondo para leer en el tren, se dirigió hasta la estación Once. No era que no hubiera leido el libro. No. Lo había leído más de una vez, pero le gustaba releerlo, o aunque más no fuera hojearlo.

"No será que estaré buscando a la mina que vuele y, como soy tan boludo, suponga que la voy a encontrar?"

Eran las explicaciones que se daba a si mismo, ante sus reiteradas negativas de casamiento.

El tren no lo dejó cerca. Prefirió caminar. Cuando llegó se hizo anunciar con la gente de Seguridad y llamaron a Vanda.

Ella se acercó con el auto y le reprochó no haber llevado a Elvira, su novia actual, pero él nada contestó. En el tema " novias", prefería guardar silencio. Llegaron a la casa.

Vanda había cocinado en su honor, ya que ellos siempre almorzaban en alguno de los restaurantes del country, pero "sabiendo que te molesta tanto el ruido y la voces fuertes, sobre todo la de los chicos..."

Durante el almuerzo el cuñado habló de lo de siempre. De los problemas de la fábrica, del auto...

De que otra cosa podría hablar con él? En el fondo ya lo había perdonado. Sabía que por esfuerzos que hiciese, no podía hablar de otras cosas. Era preferible dejarlo hablar de las cosas que conocía, que escucharlo decir pavadas. Leer, no leía y en el Colón, adonde iba porque le gustaba ser visto, tenía que hacer esfuerzos para no quedarse dormido y sufrir los codazos de Vanda."No es que la música no me guste, lo que pasa, es que me levanto muy temprano."

En cuanto a ella se había aggiornado a él, y de inteligente y curiosa que había sido, terminó por convertirse en una burguesa semi-tonta que lo único que hacía durante el día y mientras sus hijos estaban en el colegio, era ir al Patio Bullrich, a la peluquería y al gimnasio, pero la sabía buena y generosa de adentro, y en eso no había cambiado.

Los chicos estaban bien, y lo saludaron con cariño, parecían estar creciendo sin problemas, y él a decir verdad no se ocupó nunca, para nada, de ellos. Ninguna invitación al cine, ni a la cancha, ni nada, nunca un regalo.

Eran felices? No podía decirlo. Trató de descifrar uno por uno los gestos, las palabras de cada uno, las miradas, qué se decían, pero nada, ningún indicio de que algo anduviera mal. No es que se estuvieran haciendo mimos, pero estaban como transitando el día, domingo, plácidamente.

Plácidamente o resignadamente?

Bueno, si era resignadamente, ellos no parecían darse cuenta. "Cuanto menos uno se dé cuenta de las cosas, mejor!"

Serían aproximadamente las 5 de la tarde. Vanda estaba sirviendo el café y ya había abierto el paquete de masas cuando...

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Domingo I


Se levantó como todos los domingos a las 9, se vistió y fue a sentarse como todos los domingos a un café del que era habitué.
El día más difícil de la semana estaba aún por transcurrir. Se había preguntado mil veces si para todos el domingo sería un día difícil, o era una sensación que él solo experimentaba.
Miró con detenimiento a su alrededor. No había personas solas. Parejas, mesas de tres o cuatro en una de las cuales la gente se reía ruidosa y repetidamente como si hubiera una necesidad u obligación de reirse. Acaso el domingo no había sido instituido para divertirse?
En lo que respecta al domingo, tenía las cosas claras: Para él era un día diferente.
Cincuentón y solterón, había tenido a lo largo de su vida adulta muchas mujeres, las seguía teniendo. Mujeres no le faltaban, pero nunca había querido transar con el matrimonio.
Con algunas había convivido un tiempo, con otras no se había animado. Eso sí, a ninguna le había mentido con el tema del casamiento. El contrato verbal debía ser siempre claro: "Yo no me caso". Otro punto del contrato, quizás menos relevante que el anterior pero más curioso, se refería al domingo: "Los domingos quiero estar solo".
Mientras se tomaba el café doble y se comía las medialunas con dulce de leche, siguió observando a sus vecinos de mesa y en un momento determinado, lo que vió o creyó ver no le gustó a pesar de estar él mismo metido en la escena: seres incomunicados y terriblemente solos. La gente en realidad no se divertía. Tuvo una sensación extraña a la que no supo darle significado, pero que pensó, se parecía al miedo.
Recordó haber visto, en algún museo de los pocos que había visitado en alguna de las pocas ciudades que conocía, una pintura que le llamó la atención cuyo título era casualmente Domingo. Pucha, se dijo, tendría que haber anotado el nombre del pintor, o haber comprado el poster para colgarlo en mi dormitorio.
Pero sí recordaba nítidamente lo que parecía describir la pintura, la que se quedó largo rato mirando: una ciudad pequeña americana, principio de siglo cuando el progreso estaba aún por estallar, un negocio cerrado, una calle desolada sin rastro de gente, y un hombre sentado en lo que sería la acera, vestido con una camisa blanca y limpia.
La obra parecía expresar una atmósfera de aislamiento total y de soledad casi sobrecogedora. El personaje parecía decirle que ese día, domingo, como rezaba el nombre de la pintura, no sabía que hacer y estaba sentado esperando algo.
Metido en estas elucubraciones, y un poco llevado por la extraña sensación de miedo, tomó una decisión para él trascendente y novedosa. El domingo siguiente visitaría a Vanda, su hermana, en su casa de fin de semana.
Ella estaría encantada. Siempre lo invitaba y él siempre se rehusaba. Durante la semana la llamaría para contarle de su visita.
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jueves, mayo 18, 2006

NYT y Borges



Ayer salió un artículo en el NYT que habla de nosotros. De Buenos Aires, o mejor dicho de la Buenos Aires de Borges.
Qué bueno que alguna vez se acuerden bien de nosotros! Se acuerdan poco, y a la repetida y naif pregunta de Cómo nos ven desde allá? uno debería contestar: No nos ven!
Por eso el artículo del New York Times es reconfortante, porque nos pueden reconocer aunque más no sea a través de uno de sus hijos dilectos.

El artículo contiene links, que lo convierten un poco en información turística, pero hay que hacer caso omiso de ellos.

domingo, mayo 14, 2006

Psiquiatra con experiencia, se necesita...



Traté de consolarme. Qué otra alternativa tenía?

Me dije que quizás no nos hubiera ido bien y que lo más probable era que hubiéramos tenido que volver.

Cierto es que yo coloqué a Marisa en un escenario atravesado por mi subjetividad y, que las más de las veces, lo que a mi me gusta a ella no le gusta.

Tantas cosas podrían haber ocurrido, que el kibbutz no le gustara, que Israel no le gustara, que no pudiera aprender ni una palabra de hebreo... Lo supe desde el inicio, pero en mis fantasías había lugar para esperar que las cosas funcionaran.

Y yo? dónde estaba parada? Y mi proyecto de que Marisa tuviera algún espacio para la escultura, que parecía ser lo único que le gustaba? Quizás un pequeño local donde exhibir y vender lo que hacía.
Hay pequeñas ciudades como Safed consagradas al arte y en las ciudades grandes hay inumerables galerías de arte. En Yaffo hay varios talleres de escultura. Yo había visitado un par de ellos cuando Marisa no estaba en ese escenario, donde vi trabajar a los alumnos con mucha libertad.
Desde muy temprana edad pareció gustarle mucho pintar y modelar. Ya adolescente se inclinó por la escultura, y empezó a frecuentar distintos talleres donde podía dar rienda suelta a sus búsquedas con las formas y materiales.
Pero la enfermedad frenó todo. Aún enferma nunca dejó la escultura, a veces interrumpiendo y retomando cuando podía y como podía.
Fue haciendo cosas interesantes, que obviamente no tenían salida. Estaban destinadas a estar acumuladas y amontonadas en su departamento.
Una mañana volvió de un taller con una escultura terminada. Me pareció muy linda y se lo dije y casi sin darme cuenta le pregunté:
-Nunca se te ocurrió regalarle una a tu médico?
Me contestó textualmente:
-Estás en pedo?
-Cómo creés que le va a gustar una escultura hecha por mí?
No contesté. Tenía razón. Yo no conocía mucho a su médico, pero todo me hacía suponer que su valoración estaría siempre condicionada por las convenciones y las normas.
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El Proyecto Israel había hecho agua... Había sido un proyecto más mío que de ella.
Había que volver a pensar a Marisa en el escenario conocido de Buenos Aires.
Pensar nuevamente en lidiar con la psiquiatría de Buenos Aires.

Seguiría con su antiguo médico, o querría buscar otro?


Esperando a Godot


El teléfono había sonado brevemente, cuando escuché la voz de Marisa del otro lado. En realidad su voz denotaba algo, no sé si extraño o familiar, pero algo me estaba anticipando lo que iba a decirme.

Le pregunté si tenía todo preparado para el viaje y, lisa y llanamente y sin más rodeos me dijo que no iría a Israel.

Intentar convencerla a 15.000 kilómetros? Si había tomado la decisión, era misión imposible persuadirla. No dije nada y corté la comunicación.

Llamé a Fernando y le conté lo que pasaba. No se asombró mucho. Al día siguiente estaría enTel -Aviv para ayudarme en todo el tema de la rescisión de los contratos.

Los dos lucíamos un aire triste, que tenía que ver más con la incertidumbre en la que vivíamos y a la que teníamos que volver, que con el hecho en sí de un viaje no concretado.
No se trataba de un viaje no concretado, aún cuando hubiéramos tenido muchas dudas sobre lo que ocurriera en Israel. Era entender una vez más que estábamos en lo que el Dr. Fernando Ulloa llama "una encerrona", de la que no íbamos a poder salir nunca.

sábado, mayo 13, 2006

Los últimos detalles


Marisa, no se mostraba demasiado entusiasmada, pero nada decía. Le propuse que viajáramos más o menos dos meses más tarde. No quería apurarla, porque sabía que había sido una decisión dura.

Pasados unos días, me comunicó, que ella quería viajar a Israel sola, no conmigo. Me propuso que yo fuera antes, y ella viajaría unos días depués. Dijo también que le gustaría que el hermano estuviera presente para ayudarla en todo lo relacionado con la mudanza.

No me sorprendían mucho los escollos iban apareciendo en el camino, porque en realidad ya hacía mucho tiempo que nuestras vidas no andaban sobre rieles y no iba a esperar que ahora resultara todo fácil.

Me pareció que Fernando, por entonces estudiante en USA, no aceptaría por falta de tiempo, o simplemente por no tener ganas de ir y de gastar plata en todo lo que significaba tal desplazamiento.

De todas formas se lo pregunté, y contrariamente a lo que yo pensaba, contestó que no tendría inconvenientes en ir. Desde que había hecho el viaje a Israel conocido como PlanTapuz (*) cuando tenía 16 o 17 años, no había vuelto a ese país y no le disgustaba la idea de volver a verlo después de los años que habían pasado.

Acordamos las fechas tanto para nosotros como para Marisa, y comenzamos los preparativos.

No sé cómo, pero llegamos en las fechas acordadas. Yo llegué primero a Tel Aviv, y me fui a la casa de Ruth hasta ver como me instalaba en el departamento alquilado.
Marisa tenía un pasaje con fecha para unos diez días más tarde, y Fernando llegaría a Tel Aviv tres días después que yo.

Junto con Noah, fuí a esperarlo a Ben Gurion.
Alquilamos nuevamente un Subaru y Fernando se lo llevó a la casa de Noah en el kibbutz de Naharya, donde se quedaría hasta su vuelta a USA. Con el Subaru, tenía la intención de recorrer un poco antes de que llegara Marisa.

Fernando me sugirió ir a Haifa, donde yo podría visitar a una antigua amiga radicada en esa ciudad desde hacía muchos años, mientras él iba a visitar a un compañero del Pellegrini que estaba estudiando en el Technion, pero yo no tenía ganas de moverme mucho y no quería tampoco que se sintiera obligado a "pasear con la vieja".
Los días precedentes a la llegada de Marisa, los pasé entre la casa del kibbutz, y el departamento de la avenida ruidosa. Hice las compras que me faltaban, que no eran pocas ni baratas. Había llevado muy pocas cosas y las acomodé lo mejor que pude en el único placard que había en el dormitorio.
Sentada en el borde de la cama, la noche anterior a la partida de Marisa, me dispuse a hablar a Buenos Aires.

(*) Es un plan por el cual adolescentes de todo el mundo viajan a Israel, viviendo en kibbutzim. Durante este viaje se trabaja medio día en el kibbutz y el otro medio día es libre. El viaje dura aproximadamente dos meses y antes del regreso, visitan distintos lugares de Israel.

miércoles, mayo 10, 2006

El vuelo de El Al



Debía abordar un avión de El-Al para el primer tramo del regreso. Me propuse que durante el viaje, bastante largo por cierto, trataría de no pensar en todo lo que me esperaba en Buenos Aires. Me pondría los auriculares y miraría cualquier cosa que se exhibiera por los televisores, o escucharía música.
En el aeropuerto, había asistido a un espectáculo inusitado, una pareja había pasado las de Caín para hacer el check in. El personal de tierra y ellos, no lograban ponerse de acuerdo con el peso de las valijas y les exigían una suma aparentemente alta en concepto de exceso de equipaje, que se negaban a pagar.
El empleado, inflexible, no hacía concesiones. De modo que ellos no encontraron nada mejor que abrir las valijas en medio del aeropuerto y comenzar a tirar ropa en unos grandes cestos de residuos, mientras la gente de la cola miraba boquiabierta la escena.
Quienes no hayan viajado en esta aerolínea, en realidad no saben lo que se pierden. A lo mejor ahora las cosas son diferentes, que sé yo... Fue como viajar en familia. Todos se hablaban con todos y las azafatas además de servir la comida, se paraban al costado de las butacas para charlar con la gente. Los pasajeros a su vez, iban y venían para acercarse a otros pasajeros, para ir al baño, al office, o para caminar de una punta a otra.
Por suerte exhibieron durante el viaje una película que aún no había sido estrenada en Buenos Aires: "Cuestion de Honor" (A few good men) .
No sé si alguien se acordará de la película, supongo que sí, porque Cablevisión la debe haber repetido unas cincuenta veces en los últimos dos años, pero más o menos se trata de la muerte o mejor dicho del homicidio de un marin en la base estadounidense de Guantánamo, y aborda exhaustivamente la perversión que entraña el concepto del honor castrense, y la obediencia debida.
Los televisores del avión estaban colgados en el medio, creo que era un airbus 300 y realmente lo que hubo que hacer para no perderse la película y esquivar la gente que iba y venía por los pasillos, fue prodigioso.
La pareja del aeropuerto, unas cuantas filas detrás de mí, quería hacerse notar a toda costa, ya que inmediatamente después de algún anuncio de la tripulación por los parlantes, obviamente en hebreo y en inglés, y dada la familiaridad generada en el avión, preguntaban: Qué dijo? Qué dijo?
Concluyendo, esta parte del regreso fue, cuanto menos, entretenida.

martes, mayo 09, 2006

I N T E R M E D I O



Nocturno


Era una antigua casona de San Telmo, de dos plantas, con un jardín adelante lleno de enredaderas y arbustos que se cuidaban solos, y un gran árbol en el centro, que muchas veces pensó que tendría que sacarlo porque sus raíces casi levantan los cimientos.
Se había quedado solo en esa casa, y la quería más que a nada en el mundo. Era su lugar, su refugio. Ahí, donde nadie podría hacerle daño.

Llegó después de medianoche. En la calle, los ruidos insoportables de una noche de carnaval. No había nadie. Ni una luz encendida. Solamente el perfume de jazmines.

Caminó hasta el patio interno y se encontró en un ámbito de paz total. La luz de la luna lo cubría todo, borrando lo feo y exaltando lo bello.

La baranda con la antigua reja de la escalera y el viejo alero le sugirieron un rincón de Andalucía. Música de Falla y rasguidos de guitarras le parecieron el fondo adecuado para tal visión nocturnal.

Había luces y había sombras, penumbras, infinidad de perspectivas...Y que silencio!!!

Primero fue Falla, y después Debussy y Ravel, un inolvidable concierto ofrendado para un único auditor.
Los sonidos, las imágenes, los perfumes, lo fueron transportando lentamente a un país de leyenda, pleno de encanto...
Ciudades lejanas, finos tejidos de damasco, joyas deslumbrantes, aromas embriagadores, suavidad de alfombras, sugestión de miradas, ojos de mujer amados por los árabes...

"Un poco de pan, un poco de agua fresca,
la sombra de un árbol, y tus ojos"...
Canción mudéjar

sábado, mayo 06, 2006

Si la psiquiatría argentina...


Sentada una vez más en la cafetería del Aeropuerto Ben Gurión, y cuando ya consideraba que estaba mucho más cerca de conseguir lo que había perseguido, me sentía más angustiada que nunca . Qué se había hecho del optimismo que tenía cuando había llegado?
Traté de darle alguna explicación a mi tristeza. Sabía que aún cuando estuviera pensando en Marisa, no era el tema de su enfermedad lo que estaba pasando por mi cabeza. Pensaba concretamente en la situación de la psiquiatría que se daba en Buenos Aires y que era una especie de monolito, imposible de atravesar.
Me pregunté por qué yo debería estar cruzándome, virtualmente, el planeta para buscar mejores horizontes para ella. Por qué no podía encontrar en mi propio país las soluciones que necesitaba? No hablo de curación, se que lo que ella tiene no tiene curación, pero sí de todo aquello que le permitiera a ella vivir con un mínimo de confort.
Por qué ella no podía vivir mejor? Por qué debía estar aislada en lugar de integrada, con 20 de kilos de sobrepeso por los efectos secundarios de la medicación, sin que a ningún psiquiatra se le ocurriera que eso también era de su incumbencia. Protegerla de eventuales y futuras enfermedades derivadas de ese sobrepeso. Por qué era todo tan difícil en Argentina?
El estado no provee ninguna ayuda, ni para esta ni para muchas otras enfermedades. Es un estado ausente en la salud, en la educación, en la seguridad, y en muchas otras áreas que sería largo enumerar.
Con un estado así, la psiquiatría privada es poco lo que podría hacer en forma individual. En forma corporativa es mucho lo que podrían hacer. Pero en realidad, no les interesa. No están a la altura de las circunstancias.
Como señalara el Dr. Renato Alarcón en la Conferencia Magistral presentada en la Reunión Regional de Países Bolivarianos y del Caribe- Asociación Psiquiátrica de América Latina (Apal) Isla de Margarita Venezuela- 1999:
Ser psiquiatra requiere disciplina, dedicación consistente, focalización de intereses en el momento y la distancia. Disciplina que le haga captar la exacta secuencia de una historia clínica, la comprensión fenomenólogica del hecho psicopatológico, su significación dinámica, su evolución etiopatogénica en la multidimensionalidad biopsico-social-cultural y espiritual. Consistencia que le permita elaborar un esquema de tratamiento comprensivo, la integración de enfoques individuales, familiares y grupales, la elecciòn de un agente psicotrópico y la explicación pormenorizada de sus efectos deseables y secundarios[...]. Y finalmente disciplina que le permita vislumbrar el pronóstico con la mayor objetividad posible y que le haga regular con genuina calidez humana la provisión de consuelo, esperanza y optimismo que, después y a pesar de todo, es lo que nuestros pacientes esperan siempre. Tal es entonces, la herencia del psiquiatra latinoamericano y la esencia de quien se llame psiquiatra en cualquier latitud del globo.
En el Congreso Argentino de Psiquiatría, realizado en Mar del Plata en la última semana de abril/2006, como se puede leer en la página pertinente, hay más de 600 exposiciones dedicadas a patologías coyunturales, en especial la violencia familiar y al abuso sexual, que sin duda tienen enorme importancia en Argentina en el momento actual, pero no por eso dejan de tenerla las patologías severas, que no tienen cura pero sí tratamiento.
Desde el título, el Congreso le dio un un lugar preponderante a la violencia, dejando de lado otras patologías, como específicamente la esquizofrenía, para la que prácticamente no hubo expositores. Será porque los esquizofrénicos no son violentos, y se mueren en silencio?