Historias con psiquiatras I

La fiesta inolvidable I
Con mucha antelación le había avisado a su secretaria que debía dejarle libre la tarde de ese viernes . Esa noche era importante.
La hija de unos amigos se casaba y por supuesto no se lo iba a perder. Aprovechó la tarde para algunas cosas que tenía pendientes y oscureciendo apenas, llegó a su casa.
Se metió en el baño y luego comenzó a vestirse con sumo cuidado. El traje, la camisa, la corbata, los zapatos, la medias y todo lo que tuviera que ver con su atuendo ya estaba preparado de antemano. No había dejado nad librado al azar o a la improvisación. Por su parte, su mujer, hizo lo propio.
No era que le gustaran mucho las fiestas, pero le gustaba ser visto, claro, y esa noche, especialmente, aparecía como óptima para ser visto. El ocupaba un lugar en la sociedad y eso sí, le interesaba mantener a rajatabla.
Llegaron a la iglesia con tiempo. Se sentaron a esperar que empezase la ceremonia que transcurrió en una mezcla bien amalgamada de esplendor y sobriedad.
Saludos, apretones de manos, felicitaciones, caras conocidas y otras no tanto.
En realidad, era una suerte tener amigos tan ricos, y de alguna manera estar incluído en esa clase.
Llegaron al lugar de la fiesta. Un valet parking se hizo cargo de su auto y entraron. Escoltados por dos bellas mujeres llegaron hasta la que sería su mesa, el lugar donde con otros ocho conocidos o desconocidos, no lo sabía aún, harían esa travesía de placer, buen gusto y derroche de dinero.
Iban llegando. No conocía a ninguno. Ningún médico. Todos empresarios. Las presentaciones de rigor, y las conversaciones, intrascendentes, tambien de rigor.
Su cultura era bien vasta, lo que le permitía, sin problemas, abordar un amplio espectro de temas, pero en estas ocasiones, él lo sabía por experiencia, lo mejor era hablar de cosas banales, de las cosas lindas de la vida, del último viaje, del crucero por el Mar Negro, y de "como le va de bien a cada uno de los hijos", los que están en el país, y los que están fuera del pais..
Esto de poder conversar con "gente como uno", es sencillamente fantástico. No hay que cuidarse de nada, porque todo absolutamente todo lo que uno pueda decir, está bien visto.
Estaba cenando y festejando una broma bastante estúpida de uno de los comensales, cuando sintió vibrar su celular.
Era el médico que solía reemplazarlo cuando él no estaba:
-Qué pasa?
A boca de jarro y sin esperar un segundo le espetó:
-Se suicidó Carla F.
-Cómo? Atinó a decir con un hilo de voz.
-Se suicidó Carla F.
-Los padres estuvieron tratando de localizarte durante el día de hoy porque estaba muy mal y parece que ella quería verte. Luego me llamaron a mí, pero cuando yo llegué, lo peor ya había ocurrido.
Sus compañeros de mesa incluída su mujer, vieron como el color de su rostro iba cambiando hasta quedar tan blanco como el mantel.
Todos o casi todos atinaron a preguntarle que pasaba.
-Nada, no es nada. Un paciente que no anda muy bien.
Se excusó y se levantó para ir al baño.
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