Historias con psiquiatras II

La fiesta inolvidable II
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Por suerte, no había nadie. Se apoyó contra una pared y en un movimiento involuntario sacó un pañuelo de su bolsillo, sin saber realmente por qué lo había sacado.
No podía ser que a esa mocosa de mierda se le hubiese ocurrido suicidarse justo esa noche.
Como si hubiera sabido que esa noche era especial para él, y hubiera querido joderlo...!
No, que idea peregrina!
Carla no sabía que esa noche era especial para él y quizás de haberlo sabido no lo habría hecho, porque ella lo quería, confiaba en él, en todo caso, él era el que la había abandonado .
Trató de serenarse y de poner en orden algunas ideas, unas pocas, nada más. Repasemos se dijo: La había visto hacía una semana, le manifestó que estaba muy deprimida y la vió realmente muy deprimida.
Quizás debió internarla. Pero no.... estaba seguro que no se había descuidado, que no la había visto peor que otras veces.
Sus remanidos problemas, sus remanidas historias, acaso no se había sentido un poco harto de ella?
A pesar de todos los esfuerzos hechos durante años, no consiguió nunca que la estructura de sus ideas se movieran un ápice. Despues de todo, lo que ocurrió era previsible, o por lo menos estaba dentro de las posibilidades. Entonces...?
Por qué carajo tanta conmoción interna? Tampoco era la primera vez que le sucedía en tantos años de práctica de la psiquiatría, por qué hoy parecía todo diferente?
Sintió su camisa de "voile italiano" pegada a su cuerpo, y las gruesas gotas de transpiración que le bajaban desde el cuello hasta las piernas.
Hizo algo que nunca había hecho en un baño que no fuera el suyo, abrió el grifo y se mojó la cara. Sacó mecánicamente una hoja de papel y se secó. Tenía que volver a la mesa. Tenía que poner la cara de póker que tan bien sabía poner cuando las circunstancias lo demandaban. Hoy parecía costarle un poco más, pero tenía que volver. No se podía quedar en el baño.
-Como estás?
-Bien, bien...
Miró su reloj. La 1 AM.
Todas las horas que faltaban para irse! Sabía porque lo había charlado con su mujer, que la fiesta se extendería hasta las 5 o 6 de la mañana como mínimo, y que alrededor de esa hora se irían, aún cuando la gente más jóven se quedara hasta bien adentrada la mañana.
Tendría que disimular hasta entonces?
La música un tanto ruidosa, era buena, le impedía pensar, pero luego el ruido dió paso a una música lenta y cadenciosa, que aprovecharon los novios para bailar solos, en esa inmensa pista.
Era demasiado inteligente como para tragarse la píldora de que lo que estaba viendo en la pista era la condensación y augurio de la felicidad presente o futura. No significaba nada, lo sabía bien, aunque en su vida hiciera lo imposible para creer que era así. En realidad haber visto tanto dolor a través de los años, no le había servido de mucho. Ideológicamente no había girado un sólo grado.
De todos modos, y de eso no cabía la más mínima duda, lo de Carla era una tragedia.
Carla, Carla, volvió a su mente en forma recurrente, aunque tratara de olvidarla.
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